No trates de inventar sino de encontrar”.
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JRR Tolkien

domingo, 6 de julio de 2008

Las Huellas de la Atlántida en la Tradición Celta

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Sobre la antigua civilización de la Atlántida se ha venido escribiendo y especulando durante siglos. Muchos mitólogos y esotéricos creen que, tras el Diluvio Universal, que aniquiló la civilización de la Atlántida, los supervivientes e iniciados se dispersaron por todo el mundo. Constituyeron el pueblo "originario" del mar, convirtiéndose en los fundadores de todas las civilizaciones clásicas. Según Donelly, en su libro Atlantis, Platón, que vivió 400 años antes de Cristo, recogió la historia de la Atlántida de su antepasado Solón, un gran legislador Ateniense. Solón había visitado Egipto doscientos años antes y había sido iniciado por los sacerdotes egipcios en los misterios de la Gran Antigüedad. Los sacerdotes, al parecer, también le mostraron objetos sagrados relacionados con la Atlántida, que confirmaban su existencia histórica.

Platón Afirmaba que la isla de la Atlántida habia existido 9.000 años antes de Solón, y fue descrita como una grandiosa y esplendida isla conocida en sus tiempos como el "Continente de la Atlántida". Al parecer era un imperio magnífico que gobernaba otras islas menores, cuyos restos se conocen hoy como las Islas Canarias y Madeira. Parte de este imperio incluía también zonas de Libia, Egipto y Europa hasta Tirrenia (Etruria, en lo que es hoy Italia). Su fundador fue Poseidón, un primitivo dios marino que se había emparejado con una doncella terrestre, Cleito, para crear el primer pueblo atlante. Los diez hijos que tuvo Poseidón de Cleito fueron cinco parejas de gemelos, de los que el primero fue Atlas, y todos sus descendientes fueron conocidos como "el pueblo del mar" debido a su descendencia de Poseidón.

Platón consideraba la isla de la Atlántida como un verdadero paraíso, o Jardín el Edén, inmensamente fértil y de flora exótica. Arroyos de aguas calientes, y lagos interiores, dividían la isla en diferentes partes que estaban perfectamente unidas entre sí por puentes que facilitaban todo tipo de acceso y por canales, en los que se habían instalado compuertas que regulaban las corrientes de los grandes lagos. En sus aguas abundaban muchas especies de animales fabulosos, especialmente delfines, a los que trataban con el mayor respeto, pues el mismo Poseidón estaba muy vinculado a estas especies sagradas.

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Los edificios y los templos de la Atlántida habían sido magníficamente construidos, y en ellos se intercalaban piedras trabajadas con otras naturales, preferentemente de color blanco, negro y rojo, que producían un delicioso efecto. Los atlantes recubrieron las murallas exteriores con planchas de bronce que creaba una visión deslumbrante y cuyos reflejos parecían iluminar toda la isla.

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El templo principal estaba dedicado a Cleito y a Poseidón; era inaccesible debido a sus altas murallas, construidas en oro y plata, y techo de marfil. Solo los mismos dioses podían visitar y practicar culto en ese templo, el más sagrado de todos.

Si esto fuera cierto, reflejaría la creencia druídica del tercer círculo de la evolución espiritual, Ceugant, en el que sólo existe Dios. El nombre de Ceugant recuerda mucho a la palabra inglesa "cygnet" (cisne joven), la cual, a su vez, deriva de la francesa arcaica cygne, que procede del griego kuinos. en los antiguos mitos céltico-irlandeses, los hijos de Lir fueron transformados en cisnes y se convirtieron en un símbolo de la radiante divinidad de sus antiguos dioses.

Los Hijos de Lir
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En los mitos griegos, los nombres de sus dioses y diosas fueron recordados en las constelaciones que llevan sus nombres, siendo el cisne identificado como Júpiter, que visito a Leda bajo la forma de un cisne.
Pero, actualmente se conoce mejor a la constelación del Cisne por la Cruz del Norte; incluye una serie de supernovas en expansión, a las que se les denomina cola de cisne, y se cree que incluye también un agujero negro espacial. Estos agujeros negros han fomentado la imaginación de la gente y atraen, en gran medida la atención de los astrónomos. Representan ese gran desconocido, esa "oscuridad" primordial de nuestro universo.

La constelación del Cisne o de La Cruz del Norte:
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Ahora bien, fueron precisamente, los hijos de la oscuridad o de la noche, quienes desequilibraron el orden que una vez reinara dentro de su sociedad. En cierto momento, los poderes de la luz y las tinieblas era iguales, y coexistían dos sacerdocios conocidos como el de Los Hijos de la Luz y los Hijos de la Noche. Pero, según ciertas creencias esotéricas, los hijos de la noche se apartaron de la estrecha senda de la mano izquierda y cayeron la abismo, el cual, a su vez, hizo crecer en ellos unas fuerzas demoníacas que corrompieron a los atlantes y los llevaron a cometer actos muy depravados. Tras una larga ausencia regresó Poseidón, y descubrió el caos de la guerra, en la que se sostenian terribles enfrentamientos entre ambos sacerdocios. En consecuencia, su civilización fue condenada, en el sentido esotérico. Poseidón entristecido y colérico, golpeo la isla con su cetro de tres brazos, o tridente, e inmediatamente se produjo un terremoto catastrófico que destruyó todo el continente; una posterior erupción volcánica hizo que la isla se hundiera en en los abismos oceánicos en un solo día. El símbolo del impresionante poder de este tridente es notablemente similar al de los tres rayos que se asocian al dios druídico, que también representaba as tres palabras más poderosas que puedan ser pronunciadas y con las cuales se puede destruir a todo el universo.

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Según Donelly, parece ser que otro fragmento de tierra superviviente de la Atlántida, además de Madeira y las Canarias serían las Azores. Allí abundan las corrientes de aguas termales, y su clima es muy benigno, considerando la posición del Océano Atlántico. Los geólogos han confirmado que las Azores formaron parte, en un tiempo, de un gran continente; y sondeos hechos a gran profundidad han localizado una larga cresta montañosa situada en el Atlántico central. Esta cresta aparece en todas las cartas náuticas y se llama, muy acertadamente "La Cresta del Delfín":

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Helena Blavatsky, probablemente una de las mayores autoridades del ocultismo fue otra defensora de la Atlántida y del a civilización "primordial" de los atlantes. En su libro "La Doctrina Secreta" hace la observación de un vinculo que mantuvieron todos los descendientes" de la Atlántida, pese a sus propias culturas y religiones, era el recuerdo de su patria, cuya localización se encontraba en el acervo celeste de la astrología. Se refiere al anciano Sinhalese, que se decía descendiente de los atlantes, y el cual menciona en sus textos astrológicos más antiguos.
"Hubo un tiempo en el que el color el verano pasaba a través de Las Pléyades, en el que Cor Leonis se encontraba sobre el ecuador, y en el que Leo se hallaba en la vertical de Ceilán a la puesta del sol; entonces Las Pléyades, sobre el lomo de Tauro, estaría vertical a la Atlántida, al mediodía".

La constelación de Las Pléyades:
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La constelación de Las Pléyades ha sido estudiada continuamente por distintos pueblos, desde los aborígenes australianos, hasta los indios de América del Norte. La salida de Las Pléyades en el firmamento se alinea con la rueda de piedra de Stonehenge, y su mitología se relaciona íntimamente a los celtas con los antiguos griegos. en el libro de Robert Graves, "La Diosa Blanca", este autor realiza un estudio comparativo entre los griegos y los celtas, retoma el acontecimiento recogido por le historiador Hecateo. Describe a los habitantes de las Islas Británicas, a los que conocía como los Hiperbóreos, que mantenían lazos amistosos con los atenienses y los delios desde tiempos remotos. Además, su sumo sacerdote, Abaris había visitado Grecia para renovar sus vínculos familiares con los delios. A los hiperbóreos se les consideraba hábiles arpistas y poetas, que cantaban himnos a su mutuo dios solar Apolo, en su magnifico templo... (¿Stonehenge?), el cual había sido construido para honrar su lugar de nacimiento en la isla. Se decía que Apolo visitaba las Islas Británicas cada diecinueve años (el gran año lunar), para tocar el arpa y para bailar cada noche desde el equinoccio invernal hasta la salida de Las Pléyades. En la antigua astronomía esotérica, Latona, la madre de Apolo, representa a todo el continente hiperbóreo y a su raza. Ella se identifica con la región polar y la noche, pues el sol siempre "reaparece" en esta parte del cielo septentrional.
Esto se relaciona con la religión y con la cosmología druídicas. ¿Es la estrella patrón que antes mencionamos, cuando Capella se encuentra sobre nuestras cabezas, la "marca druídica" que proporciona una adecuada localización de Las Pléyades, alineándose, entonces con la Atlántida y las Islas Británicas?

Las Pléyades se encuentran, indiscutiblemente, en el centro del algún enigma universal; de la misma forma que su estrella mas importante, Alción se considera que esta en el punto central, en torno al cual se mueve nuestro universo de estrellas fijas.

Durante la oscuridad del invierno, los druidas miraban al cielo y observaban la luz de los astros. La salida de Las Pléyades podía tener otro significado, pero si la estrella patrón que observaban tenía alguna importancia, entonces las Pléyades estarían alineadas con el Océano Atlántico, donde ahora se supone, se encuentra sumergida La Atlántida, y donde ellos estaban. Si el original "pueblo del mar" eran en realidad los atlantes, entonces los celtas deberían ser, no solo parte de su descendientes, sino que además de retener ese título constituirían uno de los últimos reductos de su sacerdocio. La falta de hostilidad entre los "nativos" es, tal vez , una prueba significativa de que finalmente se habían encontrado con otros descendientes de su propia raza. Su pretensión de ser los descendientes de Dis, un dios del inframundo, constituye realmente una afirmación de su creencia en la inmortalidad del alma.

La asociación entre la constelación del Cochero con el enigma de Gwion, tratando de localizar el misterioso Castillo de Arianrhod seria un hecho más relevante, si pudiera establecerse un conexión positiva con la Atlántida. Ariahrhod constituye uno de los más profundos mitos de los celtas. Fue en un principio una diosa lunar, pero también fue conocida como una diosa del alba, debido a su "efímera luz" en el cielo. Esta característica particular de desaparecer al alba puede ser muy bien un aspecto de "medición" del alineamiento de la estrella observado por los druidas, que ajustaban o mantenían la posición exacta de la Atlántida en el horizonte occidental.

Esta es la constelación del Cochero o El Auriga, con su estrella más brillante, Capella:
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Arianrhod, como bien sabemos, tuvo dos hijos gemelos; una deidad solar llamada Llew a la que rechazó (de la misma forma que Ceridwen rechazó a su hijo Taliesin), y una deidad marina llamada Dylan. Aunque esto es una evidencia simbólica de la rivalidad entre el sol y la luna, también confirma una herencia antigua de asociación con el mar a través de su diosa lunar.

Como otros dioses antiguos, los dioses celtas, nacían frecuentemente en parejas de gemelos. Esto puede explicar el interés en Cástor, la estrella principal de la constelación de los gemelos, y el signo astrológico de los gemelos celestes. También representa la dualidad de la vida --luz y tinieblas, el principio básico sobre el que estaba fundada su religión-- y refleja, una vez más, conceptos esenciales de los atlantes.

Continuará en una próxima entrega....

Nota Importante:
Este trabajo forma parte del Libro "El Zodiaco Lunar Céltico", de Helena Patterson.
Helena Patterson es inglesa y astróloga de profesión y miembro de la British Astrological Association desde el año 1.978.
Es una estudiosa de la cultura celta y consumada especialista en el aspecto mágico y mítico del reino vegetal. Es también, autora del libro "The Handbook of Celtic Astrology".

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